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Ricardo Yrarrázaval: Gráfica contenida

El trabajo de arte “en solitario” de Ricardo Yrarrázaval no implica que no haya cultivado grandes amistades, quizás todo lo contrario se demuestre en su profunda y prolongada amistad con Nemesio Antúnez, circunstancia que da origen al sentido de esta muestra y se instala como un emotivo testimonio de cariño, recuerdo y homenaje a su entrañable amigo en la conmemoración de los 100 años de su nacimiento.

El feliz encuentro entre estos dos grandes del arte nacional se inicia como un fecundo diálogo en el ámbito de la pintura y, puesto que se desarrolla en el espacio y la energía del naciente Taller 99 del año 1956, deriva naturalmente en las instancias del grabado; disciplina que seduce y proyecta la imaginación del joven Ricardo Yrarrázaval, quien incorpora ampliamente desde entonces los sistemas mediales que proporciona el grabado en la proyección de su obra global.
Aunque Ricardo no se defina como grabador, consideramos que sus modalidades de enfrentamiento a la imagen; desde donde incorpora el frottage, la impronta, la inversión de la imagen, plantillas y múltiples recursos propios de la voz del grabado, lo convierten quizás en un libre o esencial grabador que estimula la actualización e ilumina el devenir del grabado.

Teniendo en cuenta que el desarrollo del grabado de creación se ha beneficiado históricamente con los grandes aportes que hicieran artistas de otras disciplinas, arquitectos, químicos, músicos o dramaturgo, entendemos que la urgente necesidad de manifestar la experiencia visual conduce al autor honesto a no restringir los recursos y procedimientos de la expresión que se incuban en las fases de concepción y ejecución; accediendo con esto a un estado de libertad esencial que es fundamental para abordar la inquieta búsqueda de preguntas y respuestas con respecto a la imagen que se genera en el mundo de la visualidad.

Es desde esta perspectiva que la obra digital propuesta por Ricardo Yrarrázaval se inscribe coherentemente como una extensión natural al lenguaje del grabado; asumiendo el procesamiento individualizado de la tecnología e inquietudes de la actualidad.

Esta enorme contribución al oficio y su continuo aporte a la existencia y espíritu del Taller 99 lo han hecho merecedor de la condición de Socio Honorario de la Corporación Taller 99, lo que para todos sus miembros es motivo de orgullo que motiva la superación.

A modo de agradecimiento, quisiéramos decir junto a él lo que manifiesta en su libro de obra del año 2014:

Si uno descansa en certezas, se estanca. Yo no he escogido dudar; es mi modo de ser.

Rafael Munita 2019