Galería: Exposición “Lo sutil como base de lo real” de Lorena Contreras

Sutilezas que resuenan

A menudo, en el diario trajín de la acelerada vida contemporánea, acontecen situaciones que se escapan a la mirada, sometida por la dependencia al artefacto tecnológico, y pasan desapercibidos los detalles, decepcionados por nuestro soslayo. Ellos ya no volverán. Pero atentos, que cuando bajamos guardia a la vorágine cotidiana, la sutileza de los momentos puede seducirnos y atraer nuestra atención, incluso será posible que nos inviten a una reflexión intensa que haga resonar algo en nuestro interior. Puede suceder en el descanso en el banco de una plaza, al oír las voces de un juego de niños, y en el arte entrometido de mirar por la ventana. Son destellos de belleza.

Lorena Contreras explora la sutileza en la naturaleza y en los seres humanos. Ella misma es sutil, amable, solícita e intensamente observadora y escuchante. Por tal motivo, no se le escapa el susurro del bosque y el movimiento de su follaje, o el gesto de la nadadora y la practicante de yoga. Para nuestra artista, la palabra también es una experiencia, y de ella se nutre la búsqueda de la imagen, o bien remece su intuición, que es casi la de una vidente, y nos comparte la riqueza visual que su emoción atenta otorga. Pienso que Lorena puede hacer suya la línea de Goethe, en el Fausto, que dicta: “¡Detente, bello instante!”

Contreras, cómoda en la técnica planográfica y en sus posibilidades, experimenta la forma y el color, ofreciendo percepciones distintas para una misma imagen. Color y movimiento, materialidades en uso, conectan íntimamente para que el espectador recorra esta muestra planeada hace ya un tiempo, reexplorada al acercarse la fecha inaugural, para regalarnos una experiencia visual cuidadosamente pensada que con fluidez nos guiará por sí sola en el recorrido de las obras en la galería. Y no sea que se nos escape algún detalle, visite con calma y observe, luego vendrá el debate porque esta muestra dará que hablar.

Como adenda, es menester acotar los siguiente: a casi 500 kilómetros al sur de Santiago está la ciudad de Concepción, que es la distancia que media entre el Mapocho y el Bío Bío, y entre el Taller 99 y el Taller de Grabado de la Universidad de Concepción. De esa lejanía llegaron al 99 Vilches, Millar, Santos Chávez, y llegó también Lorena Contreras. Feliz unión de las distancias.

Pablo Orellana

Tangible inmaterial

Introducirse en el ámbito de lo sutil implica afinar los estados sensibles y despejar la experiencia visual de juicios preconcebidos para lograr adentrarse en lo esencial y vibrar en la sintonía de lo elemental.

Es quizás esta dinámica la que potencia Lorena Contreras al enfrentarnos a la sustancia de su mirada, desde donde depura las formas, líneas y colores en función de acoplarse a un movimiento primario de relaciones armónicas y significantes.

Los múltiples recursos gráficos, técnicos y cromáticos que conjuga en la ejecución de sus matrices están en férrea convivencia con las sólidas convicciones que ha recogido en su vasta experimentación, en donde la delicada ejecución es validada por una sensible y rigurosa observación que determina su tiempo de la maduración cuando se aquieta el flujo de lo inconsciente.

Es desde aquí que se aventura a introducirnos en sus íntimas reflexiones respecto a las opciones que conjuga para obtener el armado de este mundo de lo sutil, compartiéndonos sus conclusiones cromáticas y formales tales como la utilización de veladuras y lo indefinido para llegar a la profundidad; los grises neutros y azulados; el azul 072, con rojo rubine y un poco de negro; la transparencia de los colores con blanco transparente y nunca blanco cubriente; el amarillo ocre y no pato; el rojo burdeos intenso y no carmín…

Creemos que su honesto ejemplo de determinación y sus valiosos resultados enriquecen las búsquedas individuales en un espacio colectivo –aspecto concluyente para ser elegida como expositora en la galería del Taller 99– y, el dedicado desarrollo de su original punto de vista, extienden las fronteras del grabado y la impresión, posibilitando la acción de intervenciones foráneas al grabado en función de enriquecer necesidades ulteriores de la imagen.

¡Agradecemos, celebramos y compartimos con gozo esta nutritiva y ejemplar entrega de Lorena Contreras!

Rafael Munita
Taller 99

Rafael Munita, Taller 99

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Un colibrí da entre 50 y 80 aleteos por segundo.
Se suspenden en el aire. Vuelan hacia atrás.
Se mueven con tanta precisión, tanto silencio y tanta calma que parecen quietos, como si jugaran a las escondidas en un bosque.
Las imágenes de Lorena podrían ser el aleteo de un colibrí, un susurro que es a la vez música y silencio, pausa y movimiento, vacío y latencia.
El corazón de un colibrí llega a dar 1.200 latidos por minutos.
El ritmo que compone la obra de Lorena también.

Isidora Ortiz

Registro inauguración

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Entidad sin fines de lucro dedicada a la creación, investigación, edición, docencia y difusión del arte del Grabado fundado por el destacado pintor y grabador Nemesio Antúnez en 1956.

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